El apego es
una necesidad biológica que todos los seres humanos tenemos, ya que, los niños
y adultos por igual necesitan vivir vinculados a otros individuos que los
cuiden, los protejan y los quieran, estas relaciones son desarrolladas entre
parejas, entre hijos e hijas y madres y padres. El apego es esencial porque es
el espacio vital del crecimiento del niño, en otras palabras, que según la
calidad del apego que reciba el niño o la niña va a influir en cómo se
comportará y como se desarrollara en el futuro, además, se genera en los niños
un sentido de seguridad, autoestima, confianza, autonomía y efectividad para
enfrentar el mundo.
Sin embargo,
el apego no inserta todas las instancias de crianza y de relaciones que se
establecen con los niños, se ha podido identificar innatas tendencias que
regulan la forma como respondemos a las amenazas, al peligro, a las pérdidas y
que están estrechamente relacionadas con cómo nos relacionamos con las
personas para asegurar la adaptación y como una manera de perpetuar la
especie.
Bowlby, sostiene a través de la descripción de la teoría del apego a partir de conceptos de la psicología del desarrollo. Sosteniendo que la conducta del apego se organiza utilizando sistemas de control del sistema nervioso central, al que se le ha atribuido la función de protección y supervivencia. Es decir, que a los niños y niñas mutan en personas emocionalmente apegadas a sus padres o a sus primeros cuidadores, por medio, del proceso que reconocimiento entre los padres e hijos y si este proceso mantiene a través del tiempo.
Bowlby, sostiene a través de la descripción de la teoría del apego a partir de conceptos de la psicología del desarrollo. Sosteniendo que la conducta del apego se organiza utilizando sistemas de control del sistema nervioso central, al que se le ha atribuido la función de protección y supervivencia. Es decir, que a los niños y niñas mutan en personas emocionalmente apegadas a sus padres o a sus primeros cuidadores, por medio, del proceso que reconocimiento entre los padres e hijos y si este proceso mantiene a través del tiempo.
A partir de
esta noción se conoce que los niños que posean una interacción positiva con su
cuidador logrando profundizar la sensación de seguridad lo que les permite
incrementar las emociones. Ainsworth sostiene que existen diversos estilos de
apego los cuales son la raíz del individuo en las relaciones interpersonales,
estas son:
- Apego seguro. Se da cuando la persona que cuida demuestra cariño, protección, disponibilidad y atención a las señales del bebé, lo que le permite desarrollar un concepto de sí mismo positivo y un sentimiento de confianza. En el dominio interpersonal, las personas seguras tienden a ser más cálidas, estables y con relaciones íntimas satisfactorias, y en el dominio intrapersonal, tienden a ser más positivas, integradas y con perspectivas coherentes de sí mismas.
- Apego inseguro-ambivalente. Se da cuando el cuidador está física y emocionalmente disponible sólo en ciertas ocasiones, lo que hace al individuo más propenso a la ansiedad de separación y al temor de explorar el mundo. No tienen expectativas de confianza respecto al acceso y respuesta de sus cuidadores debido a la inconsistencia en las habilidades emocionales. Es evidente un fuerte deseo de intimidad, pero a la vez una sensación de inseguridad respecto a los demás.
- Apego inseguro-evitativo. Se da cuando el cuidador deja de atender constantemente las señales que dan cuenta de las necesidades de protección, lo que no le permite al niño el desarrollo del sentimiento de confianza que necesita. Se sienten inseguros hacia los demás y esperan ser desplazados sobre la base de las experiencias pasadas de abandono.
- Apego inseguro-desorganizado. Corresponde a un tipo de vínculo ansioso, en donde la figura vincular reencuentra y desencuentra como una regla y no una excepción. Así, los niños se sienten inseguros, permanentemente abandonados y maltratados.
Además,
existen otros elementos que influyen en las evidencias específicas de los
estilos de apego, tales como: las experiencias individuales, la constitución
genética y las influencias culturales. Según el autor el estilo de apego se
refleja la interacción entre la personalidad del niño, la familia y el entorno
social amplio, pues, en este último elemento mencionado existe “una amplia
influencia conjunta entre las variables del cuidador y el temperamento
infantil.” La transición de la infancia
a la adolescencia temprana influye sobre la organización de los estilos de
apego, ya que, las relaciones de apego se hacen más estables a lo largo del
desarrollo y funcionan como un recurso de adaptación que asegura la formación
de la identidad.
Los patrones
de apego deben ser estables en el tiempo ya que en la adolescencia los
individuos tienen nuevas experiencias que genera una reorganización de los
vínculos con sus cuidadores, ya que, el individuo adolescente está en constantes periodos de cambio los cuales reformulan los lazos de los que representan el
apego que llevan a desarrollar su
identidad.
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